Una ruta de leyenda El comte Arnau (Ripolles)

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Motivo de inspiración de grandes escritores catalanes, el mito del Comte Arnau es uno de los más populares de Cataluña y quizá del que más se ha escrito. A caballo entre leyenda e historia, este personaje surge del mismo infierno para enseñarnos cuáles son los lugares más significativos de su paso por las tierras de la comarca del Ripollés.

A lomos de su negro caballo, envuelto en llamas y seguido de sus perros más fieles surge de la espesura de la noche el fantasma del Comte Arnau. Veloz, pasea por sus dominios, asustando a aquellos que osan seguir sus pasos a lo largo de la comarca del Ripollés, donde se le sitúa. Aún así, y a pesar de que son muchos los pueblos relacionados con su leyenda centraremos nuestra ruta en Gombrén y Campdevánol por ser los más importantes y donde más pistas encontraremos sobre la vida de este personaje.

La divulgación del mito del Comte Arnau toma su punto de partida en la canción popular que recoge Manuel Milà i Fontanals, en su libro Observaciones sobre la poesía popular en 1853. A partir de aquí la atracción que este personaje despierta lo ha convertido en una leyenda en la que se mezcla historia, fábula, imaginación y fantasía.

Iniciamos la ruta

La visita a Gombrén tiene su primera parada en el Museo del Comte Arnau, situado en la calle de la Plaça (antes de visitarlo hay que llamar por teléfono sino será fácil que lo encuentren cerrado). Es aquí donde se recogen los restos que se encontraron en el Castillo de Mataplana, una de las residencias más importantes de este personaje y una de las casas nobles más influyentes de la época.

Es tal la importancia que el Comte Arnau tiene en Gombrén que una vez al año, sobre julio, todo el pueblo se reúne en la plaza del Roser, donde se prepara una cena medieval –en la que hay que comer como en la época, con las manos- mientras en sus calles se representa la leyenda: un gran caballo negro surge del Museo lanzando fuego por sus ojos y cabalgando junto a perros y diablos.

Castillo de Mataplana

Castillo de Mataplana

Desde la plaza del Roser se puede observar, sobre una cima, los restos del Castillo de las Damas o Blancafort, donde cuentan que el conde ejercía el derecho de pernada, aquel que permitía al señor dormir la primera noche con la mujer de su vasallo –una de las costumbres más vejatorias del sistema feudal y una de las primeras que se abolieron-. Se cuenta que este castillo perteneció a la bisabuela del Comte Arnau, una mujer tan liberal y justa que libró a sus vasallos de sus tributos. Sin embargo, esta buena acción no perduró en el tiempo, ya que su bisnieto la restauró en cuanto tuvo poder para hacerlo, un hecho con el que se ganó las primeras antipatías del pueblo. Los campesinos no solo tuvieron que volver a pagar sus impuestos sino que además se les exigió que devolvieran todo aquello que se habían ahorrado en años anteriores.

Pero el castillo de las Damas o Blancafort guarda una segunda historia mucho más truculenta. La leyenda habla de que es en este lugar donde el Comte Arnau tenía su particular harén: más de cien mujeres al servicio del trato vejatorio del noble y sus amigos. En las cenas que se organizaban las féminas eran objeto de los caprichos y perversiones del conde sin que pudieran rebelarse u oponerse. Aún así, y conociendo de antemano su pésima fama, se dice que las damas no podían dejar de sentirse irremediablemente atraídas por su singular encanto y su seductora personalidad.

No obstante, no se sientan decepcionados si al buscar este castillo en la cima de la montaña, desde la Plaza del Roser, solo ven algunas rocas ya que hoy día, no solo no se ha hallado ningún documento histórico que certifique la anécdota sino tampoco la existencia de esta fortaleza.

Vistas al Clot de L´infern

Vistas al Clot de L´infern

Para continuar el recorrido habremos de coger el coche y trasladarnos a Montgrony. Para ello tomaremos la misma carretera que nos llevó a Gombrén. A unos pocos km, existe un desvío a la derecha que nos indica el lugar de destino. Antes de llegar hay varias paradas obligatorias.

Una de las primeras es una roca escarpada llamada Cresta del Gall (Cresta del Gallo). Su nombre no viene dado solo por su forma, sino también porque es aquí donde dicen que se aparece el gallo que con su canto avisa al fantasma del Comte Arnau para que regrese a los infiernos. Otra versión explica que el objetivo es alertar a pastores y lugareños de la salida del fantasma.

Justo unos cuantos metros más adelante se sitúa uno de los parajes más bellos de la ruta, el Gorg dels Banyuts. Para acceder a este lugar hay que bajar una escalera de madera y seguir el camino. Unos pasos más y nos encontraremos con una pequeña cascada en mitad del bosque. Es el nacimiento de un riachuelo, en el que poder, si se desea, descansar y relajarse. Cuidado si la visita es en otoño, las hojas que caen de los árboles cubren todo el suelo e impiden ver el límite entre la tierra y el agua, así que si no quieren darse un chapuzón, comprueben, antes de seguir caminando, el terreno. Este lugar es conocido por ser el sitio donde murió nuestro personaje. Siguiendo la leyenda, el Comte Arnau se hacía acompañar por dos grandes gatos negros que iluminaban con velas la hora de su cena. Un día mató a uno de ellos y el otro en venganza empujó al conde a un pozo, que se encontraría donde cae la cascada. Desde entonces este lugar se considera una de las puertas del infierno, justo de la que surge en la noche el fantasma del Comte Arnau.

Continuamos el trayecto y nos dirigimos al Castillo de Mataplana, la casa principal del noble. Para poder acceder a él y visitarlo tendrán que telefonear antes, sino lo encontrarán cerrado. Este es el sitio en el que el fantasma del conde se le aparecía a su viuda para llevársela con él. Justo en el valle de Mataplana, en el origen del torrente de Querol, encontraremos el llamado Clot de l’Infern. Uno de los rincones donde los lugareños cuentan que se aparece el fantasma de nuestro personaje cabalgando a lomos de su caballo y envuelto en el fuego del infierno.
De nuevo en ruta nos trasladamos a otro de los parajes que no hay que perderse: el Santuario de Montgrony, paraíso de escaladores y excursionistas. Una vez allí aparcaremos.

A mano izquierda del restaurante se encuentra el primer tramo de escaleras que van a parar a la capilla de la Mare de Deu de Montgrony. El segundo nos llevará a la ermita de Sant Pere (si desean visitarla tendrán que pedir la llave en el restaurante). Una vez allí un mar de montañas descansará a nuestros pies.
Los peldaños que nos han traído a este paraje son también motivo inspirador de historias. Cuenta la leyenda que el difícil acceso a este lugar convenció al Comte Arnau para construir unas escaleras. Dada la ardua tarea que suponía para sus vasallos realizar tal proeza les prometió una generosa recompensa que nunca pagó, lo que llevó a incrementar su fama de cruel.

Desde la cima se abren dos nuevas rutas: la que lleva al llamado Avenc de Sant Ou y la que va a parar al Camí del Mal Pas (Camino del Mal Paso).

Una vez que hemos descansado en este maravilloso lugar reemprendemos la marcha y nos dirigimos a Campdevánol. Solo dos puntos destacaremos aquí, Sant Pere de Aüira y el Pont de la Cabreta.

Cruel, atractivo, seductor, mágico, misterioso, enigmático… así es el personaje del Comte Arnau y su leyenda, una figura que hoy día sigue muy viva en los pueblos del Ripollés ¿esperarán a comprobarlo?

Texto: Mónica Ramírez – Fotos: Alejandra Ribas

GUIA DEL VIAJERO

COMO LLEGAR

Tomando como punto de partida Barcelona habría que coger la N-152 que nos llevará hasta Ripoll. Una vez allí nos dirigiremos hacia Campdevánol. Desde allí la GI-401 nos guiará hasta Gombrén

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