El Salvador enseña sus volcanes al turismo

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Algunos de los iconos naturales más emblemáticos de El Salvador son sus más de veinte volcanes que se extienden a lo largo de su Cinturón de Fuego: Chingo, Santa Ana (Ilamatepec), Cerro Verde, Izalco, San Salvador (Quezaltepeque), San Vicente (Chichontepec), Usulután, San Miguel (Chaparrastique), Guazapa o Conchagua, entre otros que incluyen también un par de islas llamadas Conchagüita y Meanguera.

Catorce de ellos están activos y humean de vez en cuando (Santa Ana, San Salvador, San Miguel e Izalco) mientras que otros se hallan en letargo esperando su momento (Conchagüita, Islas Quemadas) y alguno parece haberse dormido desde hace mucho (el Ilopango entró en erupción por última vez en el año 429 d.C, y el San Marcelino en 1792). Los volcanes salvadoreños tienen altitudes distintas, desde los 430 metros del Ilapango, que en realidad es sólo una caldera, hasta el techo del país, que lo ostenta el Santa Ana con 2.382. La mayoría supera la cota mil.

Pero sea cual sea su estado, ello no impide que el viajero pueda ascender hasta la cumbre de la mayoría y disfrutar de esa experiencia o otras derivadas. El trekking hasta las cimas de esos colosos permite contemplar espléndidas panorámicas, aparte de la experiencia en sí de pisar ese suelo latente o asomarse a esos cráteres que a menudo albergan lagos de aguas verdes por el azufre. A muchos se les han habilitado senderos en las laderas para facilitar la subida (a pie o en bici), a veces con espacios para descansar; no es que sea fácil hacer esas rutas pero el mérito crece con la dificultad y el esfuerzo. ¡Y algunos regresan en parapente desde lo alto!.

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